Manifiesto por un mar de fuegos
Un hombre de la villa de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de pequeños fuegos.
— El mundo es eso — reveló —. Una morrena de gente, un mar de pequeños fuegos.
Cada persona brilla con luz propria entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos menudos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni si inteira del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, ni alumean ni queman, mas otros prenden a la vida con tantas ganas que no se les puede mirar sin palpebrexar, y quien se acerca, encéndese.
1. Cada vez es más difícil ver con claridad en el mundo, incluso para aquellas personas que más nos empeñamos en mirar con mucha atención. Un aire tibio y negruzco llega de los depósitos de petróleo expoliados en el Oriente Medio, de los barcos, aviones, carreteras, ferrocarriles por los que los pueblos del mundo continúan rindiendo tributo a los imperios. Los pueblos somos solamente piezas rotas de un rompecabezas que manejan manos ajenas, en un juego con reglas trampeadas y en el que siempre ganan los mismos. La guerra contra la humanidad es una guerra contra la razón, que apaga poco a poco pequeños fuegos en todo el mundo.
2. Parpadear es enardecer los fuegos. Unir las piezas, reconstruir el puzzle. La solidaridad antes era una muestra de generosidad; hoy es una necesidad. Si ayer era un deber luchar contra la lógica imperial, hoy es una cuestión de supervivencia: local, nacional, regional, continental y mundial. Tres campos fundamentales llaman nuestra atención:
a) la constelación de movimentos sociales, revoluciones, saltos y transformaciones que nos llegan de América Latina; la América de venas ensangrentadas que arrasaron los imperialismos hispano y portugués; la América que nos enseña lecciones a nosotras y nosotros, invisibles en este rincón de Europa, y que algún día hará frente al vecino abusón que tienen en el norte, que siempre se creyó con derecho a extender su patio;
b) el mundo árabe e islámico, espacio surcado por el colonialismo europeo durante años, criminalizado por la prensa occidental y que debe ejercer su propia voz y resistencia; todos los pueblos del mundo tenemos una deuda pendiente con los pueblos palestino y sahariano, pero también con el iraquí, afgano, libio o sirio entre otros, agredidos con saña por un imperialismo insaciable;
3. Una nación invisible también es una nación imposible. Vivimos en un pequeño país atlántico, de historia, cultura y lengua milenarias, que es invisible en el mundo. Pero para llegar a la idea de invisibilidad hay que reconocer la existencia del visible. Para hablar de la Galiza invisible hay que pensar en una Galiza visible.
4. Nos han pedido madurez, resignación, conformismo o rendición. Pero todo esto ya lo escuchamos muchas veces. Nosotras y nosotros vamos a hablar de libertad, de memoria y de futuro; vamos a construir, en el océano de la asfixia, una pequeña isla de dignidad, una minúscula Cuba de inconformistas.
5. No vamos a construir otra pirámide. Construimos de abajo para arriba la democracia participativa que no se sustituye por spots publicitarios, por la tiranía de las marcas y el consumo.
Para avanzar, en diagonal, en zigzag, pero sin intermitencias. Colabora, contribuye, acércate a este pequeño Mar de Fuegos. ¡Y que arda el mundo!
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MAR DE LUMES — Comité Galego de Solidariedade Internacionalista (Mar de Fuegos — Comité Gallego de Solidariedad Internacionalista) es una organización gallega que trabaja en él ámbito de la solidaridad internacional, con estos tres principios fundamentales:
— El mundo es eso — reveló —. Una morrena de gente, un mar de pequeños fuegos.
Cada persona brilla con luz propria entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos menudos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni si inteira del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, ni alumean ni queman, mas otros prenden a la vida con tantas ganas que no se les puede mirar sin palpebrexar, y quien se acerca, encéndese.
(Eduardo Galeano — El Mundo)
1. Cada vez es más difícil ver con claridad en el mundo, incluso para aquellas personas que más nos empeñamos en mirar con mucha atención. Un aire tibio y negruzco llega de los depósitos de petróleo expoliados en el Oriente Medio, de los barcos, aviones, carreteras, ferrocarriles por los que los pueblos del mundo continúan rindiendo tributo a los imperios. Los pueblos somos solamente piezas rotas de un rompecabezas que manejan manos ajenas, en un juego con reglas trampeadas y en el que siempre ganan los mismos. La guerra contra la humanidad es una guerra contra la razón, que apaga poco a poco pequeños fuegos en todo el mundo.
2. Parpadear es enardecer los fuegos. Unir las piezas, reconstruir el puzzle. La solidaridad antes era una muestra de generosidad; hoy es una necesidad. Si ayer era un deber luchar contra la lógica imperial, hoy es una cuestión de supervivencia: local, nacional, regional, continental y mundial. Tres campos fundamentales llaman nuestra atención:
a) la constelación de movimentos sociales, revoluciones, saltos y transformaciones que nos llegan de América Latina; la América de venas ensangrentadas que arrasaron los imperialismos hispano y portugués; la América que nos enseña lecciones a nosotras y nosotros, invisibles en este rincón de Europa, y que algún día hará frente al vecino abusón que tienen en el norte, que siempre se creyó con derecho a extender su patio;
b) el mundo árabe e islámico, espacio surcado por el colonialismo europeo durante años, criminalizado por la prensa occidental y que debe ejercer su propia voz y resistencia; todos los pueblos del mundo tenemos una deuda pendiente con los pueblos palestino y sahariano, pero también con el iraquí, afgano, libio o sirio entre otros, agredidos con saña por un imperialismo insaciable;
3. Una nación invisible también es una nación imposible. Vivimos en un pequeño país atlántico, de historia, cultura y lengua milenarias, que es invisible en el mundo. Pero para llegar a la idea de invisibilidad hay que reconocer la existencia del visible. Para hablar de la Galiza invisible hay que pensar en una Galiza visible.
4. Nos han pedido madurez, resignación, conformismo o rendición. Pero todo esto ya lo escuchamos muchas veces. Nosotras y nosotros vamos a hablar de libertad, de memoria y de futuro; vamos a construir, en el océano de la asfixia, una pequeña isla de dignidad, una minúscula Cuba de inconformistas.
5. No vamos a construir otra pirámide. Construimos de abajo para arriba la democracia participativa que no se sustituye por spots publicitarios, por la tiranía de las marcas y el consumo.
Para avanzar, en diagonal, en zigzag, pero sin intermitencias. Colabora, contribuye, acércate a este pequeño Mar de Fuegos. ¡Y que arda el mundo!













